Estampas menores de una guerra civil que desangra un pueblo ante la indiferencia general, aunque de improviso haya desembarcado un batallón de periodistas en Bujumbura para hacer creer (y creérselo ellos mismos) que están dando razón del fondo de las cosas. En días como estos me doy cuenta de lo imprecisa, perturbadora, obscena, premiosa, superficial e inútil que es nuestra profesión, cuánto de buitres y murciélagos encerramos en nuestros cartílagos, cuánta suficiencia y error albergamos, cuántas medias verdades y mentiras enteras divulgamos, cuánto descreimiento y falta de verdadera humanidad destilamos. ¿Para qué? En días como estos siento un asco indecible por mi trabajo y sueño con dedicarme al teatro, a algo que esté a mi escala, que yo pueda controlar, que sirva para mejorar un ápice el estado general de las cosas. Eso sería un buen tema para el teatro: esta obscena vida de los reporteros que van de un charco de sangre a otro para mojarse las botas y luego contar, como unos exhibicionistas de su estúpido coraje, que han estado allí, que han sobrevivido. Tiste supervivencia.
— Cuadernos africanos. Alfonso Armada