Este país es famoso por el ruido. De vez en cuando los periódicos informan de que los niveles alcanzados en Madrid y Barcelona suponen un peligro para la salud física y mental. Leo en uno de ellos que en Madrid una de cada cuatro calles somete a sus residentes a un nivel que supera los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Otro advierte de que en Barcelona la mitad de la población de edades comprendidas entre los catorce y los veintisiete años sufre lesiones auditivas irreversibles. De modo que no resulta raro que hasta los insensibilizados españoles se vuelvan locos de vez en cuando
(…)
Los españoles parecen necesitar el ruido. En las casas, las televisiones pueden estar encendidas todo el día. Una vez alguien me explicó que era “como tener a un amigo en casa”. Los bares, muy frecuentados, tienen máquinas tragaperras con música, expendedoras de tabaco que hablan, máquinas de café, microondas y aparatos de televisión (a veces más de uno conectados a diferentes canales), todos sonando, parloteando, echando vapor, chirriando y repiqueteando a la vez. Las voces, que compiten por hacerse oír entre las máquinas, añaden un nivel más de ruido.
(…)
El ruido verbal alcanza su punto máximo en las tertulias radiofónicas y televisivas, cuya audiencia diaria se cuenta por millones. En sus mejores exponentes, las tertulias son un asunto serio, un intercambio culto e informado de ideas entre gente entendida. Sin embargo, muchas son poco más que furiosas broncas. Los españoles son hábiles conversadores, aunque a veces incontinentes. Los tertulianos a menudo son gente iracunda. En esto consiste su trabajo. Lo que les enfurece depende del tema que les plantee el presentador del programa. Cuanto más intrascendente es el tema, más se grita. las cimas se alcanzan en los programas especializados en cotilleos sobre cantantes, modelos, toreros y la legión de gente que es famosa tan sólo por ser famosa.
— ‘España ante sus fantasmas’. Giles Tremlett
Etiquetas: quote Giles Tremlett