Corría 1950, Franco jugaba al fuera de juego y lo arbitraba todo, el país era una pena máxima y, terminado el match de la Guerra Civil, los goles los metían los piojos, el oprobio y el hambre. Era un cuadro el estadio: los jugadores saludaban brazo en alto y el dictador soñaba con ser delantero centro
— Memorias del alzheimer. Pedro Simón.
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